domingo, 27 de septiembre de 2009

Letras De Olvido.....


Muchos se han preguntado que es el olvido, si va aunada a la soledad; el pasar intrasingible del las horas; del tiempo. Para mi se ha convertido en esa fórmula mágica que es capaz de sacar todo pensamiento que quema y corroe mi oscura mente, a pasado de ser medicina a droga. Ha tomado la forma de aquel médico que amputa cual miembro u órgano que ya no sirve más; a ese grado se ha transformado el significado del olvido para mí.

Pero aquella fórmula infalible llega a traicionar con el paso del tiempo a aquel que pretende usarla, pues la vida es como ese niño caprichoso que hace surgir de su tumba a ese amargo y doliente recuerdo que de alguna manera intenta matar.

Aquel indolente recuerdo quizá, gimiente ante la decisión de negarse a salir, a revivir; cobrar fuerza dentro de la desesperación de no ser olvidado e invadir la mente para mortificarla ante su cruda revelación que, como cruel verdugo tortura el inconsciente de cual mortal posee mortíferos recuerdos.

Así fue como el indolente tiempo llegó y cubrió con su negro manto mi fúnebre lecho, el lúgubre aroma a muerte invadía cada centímetro de mi fría habitación, los segundos se prolongan a cada instante, haciendo que mi desesperación por el olvido se haga cada vez más grande, quizá más deseado que la vida o la muerte.

La incongruencia ante la efímera realidad toca sonetos de muerte acompañados con gritos de agonía y dulce dolor. El eco que produce mi oscuro aposentro retumba con singular estruendo de aquella melodía de sufrimiento.

El sufrimiento tal vez sea consecuente de todos mis actos, aquellos que de alguna forma marcaron mi oscura alma que, dentro del inconsciente pasar del tiempo me va envolviendo en su caprichoso y oscuro juego incesante de mortificación.

De pronto a mi mente llega aquella palabra vacía para mí, el amor. Ese sentimiento mortal que al comienzo trastorna a la mente más aguda con sus estúpidos e incomprensibles reacciones, creía que no caería en sus redes; pero fue todo lo contrario. Estaba seguro de que este negro corazón no se vería invadido por ese mortal sentimiento, cuando menos lo esperaba estaba dentro de sus efímeras aguas que, al ir explorando se convertirían en crueles artimañas que al final te dejan destrozado, lastimado. Ahora el amor fluye en mis venas de olvido, todo lo que se termina se consume dejando las cenizas en el olvido, en la oscuridad del tiempo.

Entre el sueño y la muerte no existe metáfora alguna y si así fuera sería incomprensible, ni siquiera la ignorancia que prevalece en el mundo sería capaz de entenderla; pues el sueño es la ventana mortecina y lúgubre que conlleva a la muerte y, por ende al olvido. Lo que si esta claro es que entre el sueño y la muerte, solo existe la soledad, aquella que uno busca desesperadamente cuando el olvido no ha llegado aun, donde las lágrimas caen por aquel sufrido rostro para después pasar a ser tragos de amargura y odio. La muerte es lo único que se tiene seguro, el olvido nada garantizado.

Así es como decido dar vuelta a mi mundo caótico, indolente quizá; como si fuera dar la vuelta a la página de aquel incomprensible libro que después de una lectura forzada no hay nada que pueda atraer la atención, sólo deseando cambiar la hoja y dejar lo demás en el pasado que en síntesis resulta ser el olvido. Pero como seguir con esa lenta lectura si el hilo de secuencia está en lo que cría dejar atrás y, solo se encuentra un oscuro espacio de lo que se pretendió dejar, pretendiendo olvida y dar por hecho superado.

Creyendo dar vuelta a mi mundo algo pasa en mi mente, aquel vuelco que surge en esta débil masa roja, que le cuesta trabajo latir para brindarme unos segundos más de vida, deja salir aquellas lágrimas que bañan mi pálido y afilado rostro, encontrándome en medio de la oscura soledad cruel y fiel, me hace compañía; intransigible ante la realidad amarga.

La figura y el recuerdo de mi oscuro ángel terrenal se hace cada vez más fuerte con el pasar de los mortificantes segundos, pues el lascivo recuerdo de su mirada aun sigue presente en mi mente, sin piedad alguna. Mi piel aun aqueja el reclamo del rose de aquella suave y fría piel que alguna vez me sedujo, la deseo cada vez más pues, este mortífero deseo me embriaga perturbando la tranquilidad de mi alma como al igual el anhelo irrevocable de sus cálidos besos.

Tomo lo poco que le queda a mi alma para sacar ese perturbador deseo para no recordar más y, a la vez hundirme en las oscuras aguas del intrañable olvido. Quizá así poder reposar tras mis pasos a sabiendas de que saldría hacia el norte de la razón, en la cual tenga que transponer la fúnebre puerta de mi conciencia para así lograr encontrarme exitosamente al final de aquel deseado sendero con mi amado ángel.

Pero por más que me cueste aceptarlo, la realidad es otra, en el cual cambia el rumbo y sentido de la amarga y cruel vida si se ve desde el otro lado del espejo, el camino es demasiado espinoso para andar con los pies y el alma descalza y, cuando uno se atreve a hacerlo se muestra apasionadamente capaz de sufrir y padecer el más penetrante dolor para así lograr alcanzar la dicha de aquel amor, lo que significa ganar la alevosía de la vida, como yo alguna vez la gané.

El amor y la tierna como dulce amarga compañía es una de las tantas estrategias de la oscura y fría soledad que, como cruel villana trata de engañar a su fiel victima para si vivir superficialmente en este mundo incongruente.

Así pretendo olvidar aquello lo que sufrí y por lo que sentí por aquella frágil mujer, en realidad no se si lo he logrado o si tenga éxito. Lo que si sé es que aquel recuerdo que me atormenta una y otra vez sin compasión alguna, como tratando de purificar el más remoto e intimo recuerdo que hay en mi sombría mente, vive apacible en algún lado de mi desgastada alma, esperando a ser liberada algún día pues, espera tranquila y desesperadamente detrás de los barrotes del dolor; custodiado por aquel demonio que evita su salida.

La efímera moneda de la vida no tiene dos lados de discernimiento o realidad, sino varias desde el enfoque y sentido que uno le de o del cristal con que se le vea. He concluido que venimos de la puerta de efímera felicidad y nos vamos por la puerta del total olvido acompañado por los aires de infelicidad y amargura; de muerte.

Veo que el camino se ha vuelto hacia mi o quizá en contra mía, pues todos mis amargos y dolientes recuerdos me han alcanzado pidiendo desesperadamente entrar al mundo de la sombra omisa. Mi alma se encuentra en la desesperanza e infortunio del tiempo, dejándome suspendido en el oscuro espacio de la nostalgia del olvido, esperando con el pasar de los segundos encontrar la barca de la muerte donde me lleve a lo recóndito del más allá de la luz o quizá de las sombras, para así olvidar el desamor que algún día viví por la partida de aquella mujer que me amo, dejando atrás aquel mortal pensamiento que me carcome y desgasta para dejarlo en el pasado junto con los aires de olvido y que, probablemente sea visible a través de mi interior el cual no puedo vislumbrar ya que mi alma se encuentra en torbellinos de filosos cuchillos que rasgan mi entendimiento dejando rastros de dolor.

Paulatinamente la fría noche va cubriendo con su negro velo mis esperanzas, haciendo que este dolor interminable crezca aun más acompañado con las pocas horas de vida que me quedan forzando a latir más a mi débil corazón, donde la sed de tranquilidad se hace cada vez más fuerte y la agonía no le deja cabida alguna. Ríos de sangre corren por mis manos, inundando el frio piso de mi lecho, dejando correr el rio rojo para llegar a su océano indomable de esperanzas, esperando la embarcación de la dichosa muerte, esperando en el puerto de la desolación en el paradero del olvido.

A lo lejos escucho que alguien llama, su voz se desvanece con el aire de la incongruencia llegando débilmente el sonido a mis oídos, la puerta de mi lúgubre y mortecino lecho se abre a la par que el tiempo se detiene, pues a desembarcado la dulce y apacible muerte que me indica sutilmente que cruce aquel oscuro puente, el cual sin dudar cruzo firmemente, para después disponerme a navegar en los mares rojos junto a ella y dejando en como única nota aquella oscura nota para el olvido…

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