domingo, 27 de septiembre de 2009

Amado cuervo.........


Todas mis noches han sido iguales después de la partida de la que algún día me enamore de esa bella y frágil mortal, con la misma desdicha que trasciende a ellas, la soledad embriaga cada vez más mis sentidos mortificándome con la desesperanza que traen los siglos consigo, volviéndose en una dulce amarga agonía que se ha convertido parte de mi oscura vida como de mi oscuro andar por este desolado mundo mortal. Algunas veces, la fría brisa nocturna trae consigo el gélido beso de mi amada chocando contra mis labios impregnando el sabor de su dulce veneno que a gritos pide mi alma.

La mortecina luz de la luna me da la bienvenida dejando al descubierto la desdicha que invade mi lúgubre lecho, el eco que invade mi habitación se aferra al oscuro silencio del pasado dejando al descubierto su presente como la llaga de su futuro. Como todas las noches al filo de mi ventana se encuentra aquel cuervo que misteriosamente vigila mi lecho hasta el momento de mi despertar, viéndome con esos penetrantes ojos que posee sin perder a detalle cada uno de mis movimientos, al pendiente de mi oscuro pensamiento y de lo que trae consigo. Se que ya a formado parte de mi vida como de mi oscuro andar. Algunas veces viene a mi mente si será ella quien ha decidido disfrazarse en aquella criatura nocturna, como si leyera mis pensamientos menea la cabeza como tratando de responder a mi pregunta con una respuesta afirmativa. Le observo con fascinación pues de su pico sale aquel graznido que retumba en mi mente colándose hasta mi subconsciente diciéndome que si; es ella, mi amada mortal de la que me enamore años atrás.

Todo comenzó aquella noche singular, cuando vi a esa mujer de singular beldad y misticismo que atrajo mi atención, invadiendo cada uno de mis oscuros sentidos, invadiendo incluso a mi fría y calculadora mente; desde ese entonces no dejaba de pensar en ella, imaginaba el poder sentir su perfecto cuerpo, beber su sangre sorbo a sorbo para adentrarme en sus más profundos y recónditos secretos; saber que es lo que guardaba en su alma leyendo sus más anhelados deseos. En mi crecía la necesidad de verme reflejado en sus ojos, aquellos negros ojos en las cuales estaba mas que dispuesto a embarcarme para navegar en el misterio de su color atrayente como las aguas negras reflejan el negro de la noche más apaciguada, en aquel misterioso negro que engalanaban esas sus orbitas y que sin igual gracia reflejaban la luz de la luna.

Su delicada figura esculpida en mármol blanco perturbo mis pensamientos, como aquel boceto de un pintor que sin concluir aun seduce lentamente a su creador, envolviéndolo poco a poco en sus misterios trazos de desdén y deseo, enamorándolo para nunca dejarlo, como al escultor que dentro de las miles de rocas de granito solo hay una que lo atrapa, lo seduce en su inusual hechizo para ser tocada por él para que esculpa sus delicadas líneas que hipnoticen a cual ser que la vea, pues así era ella para mi, como una obra maestra creada por el mas talentoso de los oscuros demonios.

Si, confieso que me enamore de ella, de aquella frágil mortal, quizá inconsciente de la vida nocturna, mi vida nocturna. Aquel sentimiento mortal el cual no estoy muy seguro de que se me permita sentir o si quizá merezca el peor de los castigos de los dioses por sentir esto lo que ahora siento por ella; se fue haciendo cada vez más grande con el pasar de las noches. He de decir que se fue convirtiendo como un fantasma para mí, entrando y saliendo de mi cabeza trastornando mis pensamientos. Al principio solo bastaba con ver su sonrisa y; eso me confortaba de alguna manera pero, poco a poco mi cuerpo mi ser pedía algo más de ella, sediento de una mirada una caricia suya, se había convertido en mi marca personal de heroína.

Mi mortal necesidad hacia ella era como una bruma aferrada a mi mente a mi alma debilitada, como también para mi debilitado negro corazón, si, aquella masa viscosa que late dentro de mi custodiada por carne y hueso que de cierta manera creía que tuviera uno, al igual como este sangrante deseo que siento por esa dama de mística oscuridad.

La contemplaba a lo lejos, inmerso en la oscuridad para apreciar su magnifica beldad, su blanca piel como sus delicadas líneas que hipnotizaron mi mundo. La necesidad de tenerla como de beber su tibia sangre crecía cada vez más, convirtiéndose en aquel aire que le sigue a la caída del más fuerte de los batallones, a la ruina, si; a mi ruina de mi oscuridad por enamorarme de ese delicado ser mortal, pues a llegado a ser como aquel viento denso y siniestro después de una sangrienta batalla, mi batalla.

Cada vez que escuchaba su voz se convertía en un embrujo lanzado a mis oídos, como si su suave voz aliviara mi dolor, aquel dolor que había producido la soledad, el que ha dejado el pasar de los siglos convirtiéndose en una llaga que nunca cierra; su voz logró calmar y aliviar a mis más profundos demonios, haciendo que todo lo que conozco desapareciera, no hubiera nada a mi alrededor.

A partir de esa ocasión había velado sus sueños, quedándome a su lado en medio de la oscuridad custodiando su letargo, pues me convertí en su sombra nocturna. Le contemplaba detalladamente bajo la luz de la luna, observando como el resplandor la luz plateada del astro nocturno bañaba su delicada piel haciendo que la deseara aun más.

El solo hecho de pensar que aquella hermosa mortal irrumpe mi entendimiento y obscuro raciocinio, me quemaba la desesperación de entender cómo es que sucedió todo, gritaba de desconcierto y a la vez de desesperación por no tenerla a mi oscuro lado, junto a mi, era como entrar en una lucha constante donde la impaciencia e ingenuidad ganaban la batalla, pues ¿Cómo lograr una estrategia infalible en contra de esa liza constante en la que me enfrentaba cada noche combatiendo ese mortal sentimiento para que saliera victorioso y librado de esa humana emoción? Entraba en un frenesí sin control, en un abatimiento que me hacia temblar y sentir aquel extraño palpitar.

Llegué a pensar que esto que ha despertado en lo mas profundo de mi inmortal ser era una terrible obsesión que se había convertido en un cruel espejismo, pero no fue así, pues aunque me costo trabajo aceptar lo que sentía, ella era de carne llena de sangre ardiente esperando a su oscuro caballero.

No negaré que hubiera matado por ella, pues a ese grado me había trastornado por completo. La esquizofrenia intentó invadirme, en aquel momento me dispuse a ser su cuervo vigilante, atento de cada pasa que daba, de lo que hacía como de lo que no había hecho y de lo que quizá pudo hacer, así como también del porque lo hacía.

Fue entonces que decidí manifestarme ante ella, de hacerle saber que existía y que sus temores estaban más que justificados como también sus sospechas de que alguien la había vigilado durante varias noches atrás, murmurarle en la oscuridad lo mucho que la deseaba, decirle cuanto tuve que esperar para encontrarla, pues no deseaba perderla ahora que la tenía cerca de mi. Me colé por su ventaba que se encontraba entreabierta aquella fría noche, creí que se exaltaría al verme saliendo de la oscuridad de su lecho, pero fue todo lo contrario a eso, su reacción ante mi presencia fue tranquila devolviéndome una sonrisa relajada como seductora. Lentamente fue acercándose a hacia mi mirándome a los ojos, mis labios pedían urgentemente el veneno de sus labios, sus besos, lentamente fui acercándome a sus dulces y tiernos labios probando aquella dulce miel que emanaba de su boca, sus labios, embriagándome de ella cada segundo que pasaba.

Me sorprendió cuando me dijo que por qué había tardado tanto en ir a su encuentro, a caso no había escuchado su ruego nocturno, su sangrante letanía. Para después decirme que eso ya no tenia importancia que por fin la grata noche me había llevado con ella, eso es lo que más le importaba en ese instante. Se dirigió a su lúgubre lecho llevándome con ella de la mano, me recosté a su lado, la observaba con gran fascinación, acaricié su blanco rostro para después posar mis frías manos en su delicado cuello.

Le entregué aquella rosa negra que llevaba conmigo besándola de nuevo, susurré a su odio diciéndole que ella era la elegida para compartir la eternidad, juntos en la inmortalidad. Me levante diciéndole que vendría por ella a la noche siguiente que esperará, ella acento con la cabeza diciéndome que si, que ya había esperado mucho por mi y no le afectaría esperar una noche más para que le diera el beso de la inmortalidad, para hacerla un prójimo más como ella decía, una buscadora de sangre, y la buscaríamos juntos. Con lagrimas en sus ojos se despidió de mi, la bese de nuevo y salí de su habitación porque el amanecer estaba próximo. Los segundos y los minutos del día se me hicieron eternos, llegué a creer que nunca llegaría la amada noche.

La noche prometida había llegado, mi masa roja y viscosa que latía frenéticamente dentro de mi pecho no dejaba de latir como nunca lo había hecho, acudí a la fría y oscura habitación de mi amada mortal, donde ella me esperaría para poder encontrarme con ella y así darle el beso de la inmortalidad, compartiendo juntos los siglos de este mortal y efímero mundo, mi sorpresa fue cuando no la vi recostada en su lúgubre lecho, aquella habitación se encontraba vacía, solo el eco de la soledad nocturna se encontraba en ese momento, encontré algo extraño en aquella desolada habitación pues la fresca esencia de mi tierna amada se había marchado. Espere por ella hasta llegada el alba y nunca llegó.

Fueron varias noches a las que acudí a su oscura habitación con la esperanza de encontrarla y no fue así. La desesperación por no encontrarla invadió mi mente llevándome al punto del quiebre y la locura como también a la agonía.No sabía en donde se encontraba. Mi rechazo hacia mi mismo creció por no haberme manifestado ante ella antes.

Recuerdo perfectamente aquella noche lluviosa, aquella maldita noche en que todo cambio y, por supuesto cambio por completo mi inmortal existencia, el aroma a muerte asechaba la oscuridad de aquella habitación desolada, eso fue lo que me inquieto sobresaltando mi tranquilidad, encontré lo mismo que otras noches anteriores, su ausencia se hacia notar cada vez más pues los objetos que se encontraban en su lecho bañados por luz y oscuridad mostraban la mínima señal de ser movidos o usados lo cual causo una desesperanza profunda en mi oscuro ser como al igual una incomprensión de su súbita partida.

Como un relámpago que rasga el cielo con su sonido estruendoso, vino a mi mente aquella idea que me negaba a creer que fuera posible, no quería pensar en esa posibilidad que atormento por unos segundos mi mente y alma. De improvisto la ventana de aquel fúnebre y desolado lecho se abrió violentamente enmudeciendo al eco y exaltando al silencio, me giré exaltado por aquel sonido, una bruma extraña se empezó a congregar en el filo de la ventana y fue cuando la vi entrar por esa miserable ventana como yo lo hacia cuando entraba a vigilar su sueño, la vi pálida, tan transparente; su temple había cambiado pero no su esencia de la cual me enamore.

Al verla tan fantasmal caí de rodillas, mi alma y mi corazón se rompieron al unísono canto de muerte. Me negué a creer lo que veía, lo que le había pasado a mi mortal amada, grité lo más fuerte que pude tratando de enmudecer al oscuro eco. Cerré los puños golpeando el frío con suelo con ellos, fue inmenso mi dolor al verla así, espectral.

Ella se acerco a mi como aquella vez, lenta y silenciosamente, su temple en cierta manera me cautivo como la vez primera que la vi; besó mis labios, de sus bellos ojos fantasmales cayeron aquellas lagrimas que recorrían su pálido rostro, para mi fueron miles de dagas en mi alma, con su singular y dulce voz me susurró que la vida como el destino habían conspirado en nuestra contra empeñándose a que no estuviéramos juntos, al decirme esto maldije con lo más profundo de mi ser, ella tomo mi mano tranquilizándome, tomo mi rostro entre sus manos y me beso de nuevo, no quería que ese momento terminara, deseaba que no estuviera pasando eso, esperando que todo eso fuera el efecto de un furtivo espejismo producido por el agonizante delirio de la soledad, pero no fue así.

Diciéndome que no tenía mucho tiempo y que solo venía a decirme lo mucho que había esperado por mí, pero aquella noche en que me presente en su lecho fue lo mejor de su vida mortal, sabía que su ruego a la noche había sido escuchado porque le había mandado a su oscuro ángel. Me hizo aquella confesión que paralizo mi entendimiento y mi ser a la vez, siempre supo que la vigilaba, que custodiaba su sueño, su profundo letargo, de cierta manera sabía que estaba a su lado, era su compañero nocturno, su amor eterno por el que había esperado.

Besó mi frente y sentí una pasajera tranquilidad como una voz que me decía que no tenia la culpa, que era el capricho quizá del destino como el de la vida, siempre estaría en mi mente. Me negué a creer eso, sabía que en parte tenía la culpa de ello. Antes de desvanecerse y salir por aquella ventana, en medio de la nada nocturna me dijo con penetrante voz que ahora ella sería mi sombra, se convertiría en mi resguardo como en mi credo, estaría presente en las oraciones y lamentos nocturnos para la luna, sería mi oscura guía en este oscuro andar en este furtivo mundo mortal, que de cierta forma estaríamos juntos por la eternidad. Al escuchar eso de mi rostro cayeron lágrimas de sangre que profanaban su suelo, su lecho inmaculado.

Acepte que fuera mi oscuro sendero, a lo cual agregó que sería ahora ella mi cuervo vigilante y, con una sonrisa perturbada se desvaneció en medio de la fría noche.

Después de su partida espectral, no quería sentir más, deseaba sacar esto que llaman corazón, quemarlo a fuego lento y tirar sus cenizas para nunca sentir lo que mí amado ángel de oscuridad había logrado despertar en mí. Lamentando mí desgracia me marche de aquel lugar para nuevo vagar por este incongruente mundo sin consuelo alguno, pues no lo necesito, solo me queda mi desprecio por la mortal vida, pues la amargura de la noche es lo único que me queda.

Desde entonces cada noche y después de despertar de mi oscuro letargo diurno la luna me da su singular y bella bienvenida a las sombras nocturnas, para encontrarme al pide de mi ventana a aquel cuervo con singular belleza, de un negro azabache que me cautiva, se que me ve despertar como cerciorándose de que me encuentre bien, que la agonía y el dolor no invadan más mi oscura alma, dejando en mi ventana una rosa negra que lleva consigo, se que es ella mi amada dama de oscuridad, que es mi amado cuervo, pues en cada graznar va acompañado con un te amo para después prender el vuelo llevándose consigo mi amarga soledad, y convirtiéndose en mi oscuro guía en mi doloroso caminar en este miserable mundo de oscuridad.

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