domingo, 27 de septiembre de 2009

Preguntas?


Preguntare a la luna y el sol
por ti cada día, cada noche
Le pediré al viento que seque
tus lagrimas y las convierta en diamantes

Buscare en cada flor tu aroma
En el trinar de los pájaros tu voz
En el cielo tus ojos azules
Y en cada vibración yo vibrare por tu amor

Yo iré a mi alma y en ella buscare el consuelo
entrare en la tuya, para verte
para emprender el vuelo
hacia el mundo en que puedo tenerte

Ahora solo me queda someterme
Ahora solo me queda añorarte
Dejar que mi cuerpo lo llene la brisa
Y arrancarle a la vida una sonrisa........

Ruin.......


Una noche plagada de lagrimas
Se rompe un espejo
Asi pasa el viento por los espacios vacios
La vida ha cambiado
Ha olvidado sus restos aqui
Bajo la alfombra me arrastro hacia afuera
Y me veo en el espejo colgado
Muerto,desangrado y medio... podrido
Baje desde los dioses
Para tirarte hacia arriba
Piedra vieja en la noche obscura
Valle de lagrimas del alma.

Te he llamado
Te he mandado
Por eso te he perdido
Pero con ninguna mirada me has escuchado
Con ninguna palabra has pensado en mi..

Me jalaste hacia donde tu estabas
y mas profundo me hundiste
y mas profundo me hundiste..

El silencio pasa esta noche por los espacios vacios
Y el silencio... el silencio me lo soporto...........

suspiro del alma........


Mi suspiro se ahogo en
el silencio de mi alma
tras la lluvia de mis ojos y
el caer de la noche...

Aliento de soledad solo
con el soplo de tu boca
ke se desvanecio en la
obscuridad de mi lokura...

Sin el susurro de tus
labios ke me impulsen
a elevarme de nuevo0
y salir del charco0
de lodo por no parar
mis lagrimas...

Lagrimas ke emanan
por el dolor de mi alma
deshecha por la ausencia
de tu existencia...

Un suspiro a tu cuerpo
ke le regrese de nuevo
el calor de vida y ke me
devuelva a mi la razon y
sobre todo tu amor...

Tras la agonia de ver mis
sueños caer junto a ti,
y mis esperanzas estancadas
en el suplicio de mi alma...

Amado cuervo.........


Todas mis noches han sido iguales después de la partida de la que algún día me enamore de esa bella y frágil mortal, con la misma desdicha que trasciende a ellas, la soledad embriaga cada vez más mis sentidos mortificándome con la desesperanza que traen los siglos consigo, volviéndose en una dulce amarga agonía que se ha convertido parte de mi oscura vida como de mi oscuro andar por este desolado mundo mortal. Algunas veces, la fría brisa nocturna trae consigo el gélido beso de mi amada chocando contra mis labios impregnando el sabor de su dulce veneno que a gritos pide mi alma.

La mortecina luz de la luna me da la bienvenida dejando al descubierto la desdicha que invade mi lúgubre lecho, el eco que invade mi habitación se aferra al oscuro silencio del pasado dejando al descubierto su presente como la llaga de su futuro. Como todas las noches al filo de mi ventana se encuentra aquel cuervo que misteriosamente vigila mi lecho hasta el momento de mi despertar, viéndome con esos penetrantes ojos que posee sin perder a detalle cada uno de mis movimientos, al pendiente de mi oscuro pensamiento y de lo que trae consigo. Se que ya a formado parte de mi vida como de mi oscuro andar. Algunas veces viene a mi mente si será ella quien ha decidido disfrazarse en aquella criatura nocturna, como si leyera mis pensamientos menea la cabeza como tratando de responder a mi pregunta con una respuesta afirmativa. Le observo con fascinación pues de su pico sale aquel graznido que retumba en mi mente colándose hasta mi subconsciente diciéndome que si; es ella, mi amada mortal de la que me enamore años atrás.

Todo comenzó aquella noche singular, cuando vi a esa mujer de singular beldad y misticismo que atrajo mi atención, invadiendo cada uno de mis oscuros sentidos, invadiendo incluso a mi fría y calculadora mente; desde ese entonces no dejaba de pensar en ella, imaginaba el poder sentir su perfecto cuerpo, beber su sangre sorbo a sorbo para adentrarme en sus más profundos y recónditos secretos; saber que es lo que guardaba en su alma leyendo sus más anhelados deseos. En mi crecía la necesidad de verme reflejado en sus ojos, aquellos negros ojos en las cuales estaba mas que dispuesto a embarcarme para navegar en el misterio de su color atrayente como las aguas negras reflejan el negro de la noche más apaciguada, en aquel misterioso negro que engalanaban esas sus orbitas y que sin igual gracia reflejaban la luz de la luna.

Su delicada figura esculpida en mármol blanco perturbo mis pensamientos, como aquel boceto de un pintor que sin concluir aun seduce lentamente a su creador, envolviéndolo poco a poco en sus misterios trazos de desdén y deseo, enamorándolo para nunca dejarlo, como al escultor que dentro de las miles de rocas de granito solo hay una que lo atrapa, lo seduce en su inusual hechizo para ser tocada por él para que esculpa sus delicadas líneas que hipnoticen a cual ser que la vea, pues así era ella para mi, como una obra maestra creada por el mas talentoso de los oscuros demonios.

Si, confieso que me enamore de ella, de aquella frágil mortal, quizá inconsciente de la vida nocturna, mi vida nocturna. Aquel sentimiento mortal el cual no estoy muy seguro de que se me permita sentir o si quizá merezca el peor de los castigos de los dioses por sentir esto lo que ahora siento por ella; se fue haciendo cada vez más grande con el pasar de las noches. He de decir que se fue convirtiendo como un fantasma para mí, entrando y saliendo de mi cabeza trastornando mis pensamientos. Al principio solo bastaba con ver su sonrisa y; eso me confortaba de alguna manera pero, poco a poco mi cuerpo mi ser pedía algo más de ella, sediento de una mirada una caricia suya, se había convertido en mi marca personal de heroína.

Mi mortal necesidad hacia ella era como una bruma aferrada a mi mente a mi alma debilitada, como también para mi debilitado negro corazón, si, aquella masa viscosa que late dentro de mi custodiada por carne y hueso que de cierta manera creía que tuviera uno, al igual como este sangrante deseo que siento por esa dama de mística oscuridad.

La contemplaba a lo lejos, inmerso en la oscuridad para apreciar su magnifica beldad, su blanca piel como sus delicadas líneas que hipnotizaron mi mundo. La necesidad de tenerla como de beber su tibia sangre crecía cada vez más, convirtiéndose en aquel aire que le sigue a la caída del más fuerte de los batallones, a la ruina, si; a mi ruina de mi oscuridad por enamorarme de ese delicado ser mortal, pues a llegado a ser como aquel viento denso y siniestro después de una sangrienta batalla, mi batalla.

Cada vez que escuchaba su voz se convertía en un embrujo lanzado a mis oídos, como si su suave voz aliviara mi dolor, aquel dolor que había producido la soledad, el que ha dejado el pasar de los siglos convirtiéndose en una llaga que nunca cierra; su voz logró calmar y aliviar a mis más profundos demonios, haciendo que todo lo que conozco desapareciera, no hubiera nada a mi alrededor.

A partir de esa ocasión había velado sus sueños, quedándome a su lado en medio de la oscuridad custodiando su letargo, pues me convertí en su sombra nocturna. Le contemplaba detalladamente bajo la luz de la luna, observando como el resplandor la luz plateada del astro nocturno bañaba su delicada piel haciendo que la deseara aun más.

El solo hecho de pensar que aquella hermosa mortal irrumpe mi entendimiento y obscuro raciocinio, me quemaba la desesperación de entender cómo es que sucedió todo, gritaba de desconcierto y a la vez de desesperación por no tenerla a mi oscuro lado, junto a mi, era como entrar en una lucha constante donde la impaciencia e ingenuidad ganaban la batalla, pues ¿Cómo lograr una estrategia infalible en contra de esa liza constante en la que me enfrentaba cada noche combatiendo ese mortal sentimiento para que saliera victorioso y librado de esa humana emoción? Entraba en un frenesí sin control, en un abatimiento que me hacia temblar y sentir aquel extraño palpitar.

Llegué a pensar que esto que ha despertado en lo mas profundo de mi inmortal ser era una terrible obsesión que se había convertido en un cruel espejismo, pero no fue así, pues aunque me costo trabajo aceptar lo que sentía, ella era de carne llena de sangre ardiente esperando a su oscuro caballero.

No negaré que hubiera matado por ella, pues a ese grado me había trastornado por completo. La esquizofrenia intentó invadirme, en aquel momento me dispuse a ser su cuervo vigilante, atento de cada pasa que daba, de lo que hacía como de lo que no había hecho y de lo que quizá pudo hacer, así como también del porque lo hacía.

Fue entonces que decidí manifestarme ante ella, de hacerle saber que existía y que sus temores estaban más que justificados como también sus sospechas de que alguien la había vigilado durante varias noches atrás, murmurarle en la oscuridad lo mucho que la deseaba, decirle cuanto tuve que esperar para encontrarla, pues no deseaba perderla ahora que la tenía cerca de mi. Me colé por su ventaba que se encontraba entreabierta aquella fría noche, creí que se exaltaría al verme saliendo de la oscuridad de su lecho, pero fue todo lo contrario a eso, su reacción ante mi presencia fue tranquila devolviéndome una sonrisa relajada como seductora. Lentamente fue acercándose a hacia mi mirándome a los ojos, mis labios pedían urgentemente el veneno de sus labios, sus besos, lentamente fui acercándome a sus dulces y tiernos labios probando aquella dulce miel que emanaba de su boca, sus labios, embriagándome de ella cada segundo que pasaba.

Me sorprendió cuando me dijo que por qué había tardado tanto en ir a su encuentro, a caso no había escuchado su ruego nocturno, su sangrante letanía. Para después decirme que eso ya no tenia importancia que por fin la grata noche me había llevado con ella, eso es lo que más le importaba en ese instante. Se dirigió a su lúgubre lecho llevándome con ella de la mano, me recosté a su lado, la observaba con gran fascinación, acaricié su blanco rostro para después posar mis frías manos en su delicado cuello.

Le entregué aquella rosa negra que llevaba conmigo besándola de nuevo, susurré a su odio diciéndole que ella era la elegida para compartir la eternidad, juntos en la inmortalidad. Me levante diciéndole que vendría por ella a la noche siguiente que esperará, ella acento con la cabeza diciéndome que si, que ya había esperado mucho por mi y no le afectaría esperar una noche más para que le diera el beso de la inmortalidad, para hacerla un prójimo más como ella decía, una buscadora de sangre, y la buscaríamos juntos. Con lagrimas en sus ojos se despidió de mi, la bese de nuevo y salí de su habitación porque el amanecer estaba próximo. Los segundos y los minutos del día se me hicieron eternos, llegué a creer que nunca llegaría la amada noche.

La noche prometida había llegado, mi masa roja y viscosa que latía frenéticamente dentro de mi pecho no dejaba de latir como nunca lo había hecho, acudí a la fría y oscura habitación de mi amada mortal, donde ella me esperaría para poder encontrarme con ella y así darle el beso de la inmortalidad, compartiendo juntos los siglos de este mortal y efímero mundo, mi sorpresa fue cuando no la vi recostada en su lúgubre lecho, aquella habitación se encontraba vacía, solo el eco de la soledad nocturna se encontraba en ese momento, encontré algo extraño en aquella desolada habitación pues la fresca esencia de mi tierna amada se había marchado. Espere por ella hasta llegada el alba y nunca llegó.

Fueron varias noches a las que acudí a su oscura habitación con la esperanza de encontrarla y no fue así. La desesperación por no encontrarla invadió mi mente llevándome al punto del quiebre y la locura como también a la agonía.No sabía en donde se encontraba. Mi rechazo hacia mi mismo creció por no haberme manifestado ante ella antes.

Recuerdo perfectamente aquella noche lluviosa, aquella maldita noche en que todo cambio y, por supuesto cambio por completo mi inmortal existencia, el aroma a muerte asechaba la oscuridad de aquella habitación desolada, eso fue lo que me inquieto sobresaltando mi tranquilidad, encontré lo mismo que otras noches anteriores, su ausencia se hacia notar cada vez más pues los objetos que se encontraban en su lecho bañados por luz y oscuridad mostraban la mínima señal de ser movidos o usados lo cual causo una desesperanza profunda en mi oscuro ser como al igual una incomprensión de su súbita partida.

Como un relámpago que rasga el cielo con su sonido estruendoso, vino a mi mente aquella idea que me negaba a creer que fuera posible, no quería pensar en esa posibilidad que atormento por unos segundos mi mente y alma. De improvisto la ventana de aquel fúnebre y desolado lecho se abrió violentamente enmudeciendo al eco y exaltando al silencio, me giré exaltado por aquel sonido, una bruma extraña se empezó a congregar en el filo de la ventana y fue cuando la vi entrar por esa miserable ventana como yo lo hacia cuando entraba a vigilar su sueño, la vi pálida, tan transparente; su temple había cambiado pero no su esencia de la cual me enamore.

Al verla tan fantasmal caí de rodillas, mi alma y mi corazón se rompieron al unísono canto de muerte. Me negué a creer lo que veía, lo que le había pasado a mi mortal amada, grité lo más fuerte que pude tratando de enmudecer al oscuro eco. Cerré los puños golpeando el frío con suelo con ellos, fue inmenso mi dolor al verla así, espectral.

Ella se acerco a mi como aquella vez, lenta y silenciosamente, su temple en cierta manera me cautivo como la vez primera que la vi; besó mis labios, de sus bellos ojos fantasmales cayeron aquellas lagrimas que recorrían su pálido rostro, para mi fueron miles de dagas en mi alma, con su singular y dulce voz me susurró que la vida como el destino habían conspirado en nuestra contra empeñándose a que no estuviéramos juntos, al decirme esto maldije con lo más profundo de mi ser, ella tomo mi mano tranquilizándome, tomo mi rostro entre sus manos y me beso de nuevo, no quería que ese momento terminara, deseaba que no estuviera pasando eso, esperando que todo eso fuera el efecto de un furtivo espejismo producido por el agonizante delirio de la soledad, pero no fue así.

Diciéndome que no tenía mucho tiempo y que solo venía a decirme lo mucho que había esperado por mí, pero aquella noche en que me presente en su lecho fue lo mejor de su vida mortal, sabía que su ruego a la noche había sido escuchado porque le había mandado a su oscuro ángel. Me hizo aquella confesión que paralizo mi entendimiento y mi ser a la vez, siempre supo que la vigilaba, que custodiaba su sueño, su profundo letargo, de cierta manera sabía que estaba a su lado, era su compañero nocturno, su amor eterno por el que había esperado.

Besó mi frente y sentí una pasajera tranquilidad como una voz que me decía que no tenia la culpa, que era el capricho quizá del destino como el de la vida, siempre estaría en mi mente. Me negué a creer eso, sabía que en parte tenía la culpa de ello. Antes de desvanecerse y salir por aquella ventana, en medio de la nada nocturna me dijo con penetrante voz que ahora ella sería mi sombra, se convertiría en mi resguardo como en mi credo, estaría presente en las oraciones y lamentos nocturnos para la luna, sería mi oscura guía en este oscuro andar en este furtivo mundo mortal, que de cierta forma estaríamos juntos por la eternidad. Al escuchar eso de mi rostro cayeron lágrimas de sangre que profanaban su suelo, su lecho inmaculado.

Acepte que fuera mi oscuro sendero, a lo cual agregó que sería ahora ella mi cuervo vigilante y, con una sonrisa perturbada se desvaneció en medio de la fría noche.

Después de su partida espectral, no quería sentir más, deseaba sacar esto que llaman corazón, quemarlo a fuego lento y tirar sus cenizas para nunca sentir lo que mí amado ángel de oscuridad había logrado despertar en mí. Lamentando mí desgracia me marche de aquel lugar para nuevo vagar por este incongruente mundo sin consuelo alguno, pues no lo necesito, solo me queda mi desprecio por la mortal vida, pues la amargura de la noche es lo único que me queda.

Desde entonces cada noche y después de despertar de mi oscuro letargo diurno la luna me da su singular y bella bienvenida a las sombras nocturnas, para encontrarme al pide de mi ventana a aquel cuervo con singular belleza, de un negro azabache que me cautiva, se que me ve despertar como cerciorándose de que me encuentre bien, que la agonía y el dolor no invadan más mi oscura alma, dejando en mi ventana una rosa negra que lleva consigo, se que es ella mi amada dama de oscuridad, que es mi amado cuervo, pues en cada graznar va acompañado con un te amo para después prender el vuelo llevándose consigo mi amarga soledad, y convirtiéndose en mi oscuro guía en mi doloroso caminar en este miserable mundo de oscuridad.

Letras De Olvido.....


Muchos se han preguntado que es el olvido, si va aunada a la soledad; el pasar intrasingible del las horas; del tiempo. Para mi se ha convertido en esa fórmula mágica que es capaz de sacar todo pensamiento que quema y corroe mi oscura mente, a pasado de ser medicina a droga. Ha tomado la forma de aquel médico que amputa cual miembro u órgano que ya no sirve más; a ese grado se ha transformado el significado del olvido para mí.

Pero aquella fórmula infalible llega a traicionar con el paso del tiempo a aquel que pretende usarla, pues la vida es como ese niño caprichoso que hace surgir de su tumba a ese amargo y doliente recuerdo que de alguna manera intenta matar.

Aquel indolente recuerdo quizá, gimiente ante la decisión de negarse a salir, a revivir; cobrar fuerza dentro de la desesperación de no ser olvidado e invadir la mente para mortificarla ante su cruda revelación que, como cruel verdugo tortura el inconsciente de cual mortal posee mortíferos recuerdos.

Así fue como el indolente tiempo llegó y cubrió con su negro manto mi fúnebre lecho, el lúgubre aroma a muerte invadía cada centímetro de mi fría habitación, los segundos se prolongan a cada instante, haciendo que mi desesperación por el olvido se haga cada vez más grande, quizá más deseado que la vida o la muerte.

La incongruencia ante la efímera realidad toca sonetos de muerte acompañados con gritos de agonía y dulce dolor. El eco que produce mi oscuro aposentro retumba con singular estruendo de aquella melodía de sufrimiento.

El sufrimiento tal vez sea consecuente de todos mis actos, aquellos que de alguna forma marcaron mi oscura alma que, dentro del inconsciente pasar del tiempo me va envolviendo en su caprichoso y oscuro juego incesante de mortificación.

De pronto a mi mente llega aquella palabra vacía para mí, el amor. Ese sentimiento mortal que al comienzo trastorna a la mente más aguda con sus estúpidos e incomprensibles reacciones, creía que no caería en sus redes; pero fue todo lo contrario. Estaba seguro de que este negro corazón no se vería invadido por ese mortal sentimiento, cuando menos lo esperaba estaba dentro de sus efímeras aguas que, al ir explorando se convertirían en crueles artimañas que al final te dejan destrozado, lastimado. Ahora el amor fluye en mis venas de olvido, todo lo que se termina se consume dejando las cenizas en el olvido, en la oscuridad del tiempo.

Entre el sueño y la muerte no existe metáfora alguna y si así fuera sería incomprensible, ni siquiera la ignorancia que prevalece en el mundo sería capaz de entenderla; pues el sueño es la ventana mortecina y lúgubre que conlleva a la muerte y, por ende al olvido. Lo que si esta claro es que entre el sueño y la muerte, solo existe la soledad, aquella que uno busca desesperadamente cuando el olvido no ha llegado aun, donde las lágrimas caen por aquel sufrido rostro para después pasar a ser tragos de amargura y odio. La muerte es lo único que se tiene seguro, el olvido nada garantizado.

Así es como decido dar vuelta a mi mundo caótico, indolente quizá; como si fuera dar la vuelta a la página de aquel incomprensible libro que después de una lectura forzada no hay nada que pueda atraer la atención, sólo deseando cambiar la hoja y dejar lo demás en el pasado que en síntesis resulta ser el olvido. Pero como seguir con esa lenta lectura si el hilo de secuencia está en lo que cría dejar atrás y, solo se encuentra un oscuro espacio de lo que se pretendió dejar, pretendiendo olvida y dar por hecho superado.

Creyendo dar vuelta a mi mundo algo pasa en mi mente, aquel vuelco que surge en esta débil masa roja, que le cuesta trabajo latir para brindarme unos segundos más de vida, deja salir aquellas lágrimas que bañan mi pálido y afilado rostro, encontrándome en medio de la oscura soledad cruel y fiel, me hace compañía; intransigible ante la realidad amarga.

La figura y el recuerdo de mi oscuro ángel terrenal se hace cada vez más fuerte con el pasar de los mortificantes segundos, pues el lascivo recuerdo de su mirada aun sigue presente en mi mente, sin piedad alguna. Mi piel aun aqueja el reclamo del rose de aquella suave y fría piel que alguna vez me sedujo, la deseo cada vez más pues, este mortífero deseo me embriaga perturbando la tranquilidad de mi alma como al igual el anhelo irrevocable de sus cálidos besos.

Tomo lo poco que le queda a mi alma para sacar ese perturbador deseo para no recordar más y, a la vez hundirme en las oscuras aguas del intrañable olvido. Quizá así poder reposar tras mis pasos a sabiendas de que saldría hacia el norte de la razón, en la cual tenga que transponer la fúnebre puerta de mi conciencia para así lograr encontrarme exitosamente al final de aquel deseado sendero con mi amado ángel.

Pero por más que me cueste aceptarlo, la realidad es otra, en el cual cambia el rumbo y sentido de la amarga y cruel vida si se ve desde el otro lado del espejo, el camino es demasiado espinoso para andar con los pies y el alma descalza y, cuando uno se atreve a hacerlo se muestra apasionadamente capaz de sufrir y padecer el más penetrante dolor para así lograr alcanzar la dicha de aquel amor, lo que significa ganar la alevosía de la vida, como yo alguna vez la gané.

El amor y la tierna como dulce amarga compañía es una de las tantas estrategias de la oscura y fría soledad que, como cruel villana trata de engañar a su fiel victima para si vivir superficialmente en este mundo incongruente.

Así pretendo olvidar aquello lo que sufrí y por lo que sentí por aquella frágil mujer, en realidad no se si lo he logrado o si tenga éxito. Lo que si sé es que aquel recuerdo que me atormenta una y otra vez sin compasión alguna, como tratando de purificar el más remoto e intimo recuerdo que hay en mi sombría mente, vive apacible en algún lado de mi desgastada alma, esperando a ser liberada algún día pues, espera tranquila y desesperadamente detrás de los barrotes del dolor; custodiado por aquel demonio que evita su salida.

La efímera moneda de la vida no tiene dos lados de discernimiento o realidad, sino varias desde el enfoque y sentido que uno le de o del cristal con que se le vea. He concluido que venimos de la puerta de efímera felicidad y nos vamos por la puerta del total olvido acompañado por los aires de infelicidad y amargura; de muerte.

Veo que el camino se ha vuelto hacia mi o quizá en contra mía, pues todos mis amargos y dolientes recuerdos me han alcanzado pidiendo desesperadamente entrar al mundo de la sombra omisa. Mi alma se encuentra en la desesperanza e infortunio del tiempo, dejándome suspendido en el oscuro espacio de la nostalgia del olvido, esperando con el pasar de los segundos encontrar la barca de la muerte donde me lleve a lo recóndito del más allá de la luz o quizá de las sombras, para así olvidar el desamor que algún día viví por la partida de aquella mujer que me amo, dejando atrás aquel mortal pensamiento que me carcome y desgasta para dejarlo en el pasado junto con los aires de olvido y que, probablemente sea visible a través de mi interior el cual no puedo vislumbrar ya que mi alma se encuentra en torbellinos de filosos cuchillos que rasgan mi entendimiento dejando rastros de dolor.

Paulatinamente la fría noche va cubriendo con su negro velo mis esperanzas, haciendo que este dolor interminable crezca aun más acompañado con las pocas horas de vida que me quedan forzando a latir más a mi débil corazón, donde la sed de tranquilidad se hace cada vez más fuerte y la agonía no le deja cabida alguna. Ríos de sangre corren por mis manos, inundando el frio piso de mi lecho, dejando correr el rio rojo para llegar a su océano indomable de esperanzas, esperando la embarcación de la dichosa muerte, esperando en el puerto de la desolación en el paradero del olvido.

A lo lejos escucho que alguien llama, su voz se desvanece con el aire de la incongruencia llegando débilmente el sonido a mis oídos, la puerta de mi lúgubre y mortecino lecho se abre a la par que el tiempo se detiene, pues a desembarcado la dulce y apacible muerte que me indica sutilmente que cruce aquel oscuro puente, el cual sin dudar cruzo firmemente, para después disponerme a navegar en los mares rojos junto a ella y dejando en como única nota aquella oscura nota para el olvido…

oscuro reflejo


Perturbador fue mi despertar, sobresaltado; quizá por una pesadilla o resultado del reclamo de mi conciencia, ¿Conciencia? ¿En realidad la tengo? No sé si a un ser de profunda oscuridad se le permita tener una. La luna se posa lentamente en el negro firmamento, sumergiendo a mi habitación con su plateado resplandor, con esa luz irreal, cuya esencia es insinuar y jamás revelar.

El resto de mi aposento permaneció en la oscuridad solida y opresiva a la vez, dejando caer su rara beldad, aquella que seduce y que sin darte cuenta te tiene bajo su encanto, aquel que te mantiene cautivo.

Me tomó unos minutos recuperar la respiración y con ello tomar conciencia de la realidad. Los ecos de un raro y extraño sueño interrumpido, aferrándose a mi mente; negándose a salir de ella, poniendo resistencia ha ser revelado, comprendido para encontrar la causa de su origen, el motivo que pudo darle pauta a su maquiavélica marcha en mi oscura mente. ¿A caso fue una pesadilla? En realidad no lo sé.

En ese instante no lo recordaba, y no lo quería hacer, que sentido tendría hacerlo. A medida que mis ojos se habituaban a la penumbra, vislumbre lo prosaico y desolado que era mi lúgubre habitación, suplicante de necesitar la agonizante luz de la luna. Traté de reincorporarme, me senté a la orilla de mi frío lecho, con la mirada perdida en el oscuro y frio suelo, pasando mis blancas manos por mis negros cabellos, como esperando que el silencio revelará su más secreto y místico secreto. Alcé la vista, fue cuando algo atrajo mi atención; congelando el aire que forzadamente respiraba, paralizando y a su ves entumeciendo todo sentido, no sé que efecto tuvo en mi que inmovilizo a mi aguda mente. Vi una luz, a penas un resplandor; clavé la mirada intentando descubrir la fuente de aquella misteriosa luz.

Intente penetrar la oscuridad, aquella oscuridad que envolvía a mi triste aposento, sin lograr nada, si ver ningún resplandor. Por un momento llegué a pensar que era un juego de mi soledad cuyo precio es recordarme la soledad de la eternidad, el precio de ser un ángel de sombras que nace con la luna y muere al amanecer. Tome aquel libro, ese que contiene mi historia, fue en ese preciso momento que lo vi, con absoluta claridad. Dos puntos resplandecientes situados al otro extremo de la habitación, sigiloso; rojo cual roja es la sangre, observándome.

Me paralicé por completa e inexplicablemente, preguntándome cómo podía ser posible que no me percatara de ello, de aquella presencia que profanaba mi fría habitación, cuestionándome cuanto tiempo llevaba observándome. Cuanto mas trataba de diluir la oscuridad en mi habitación, más oscura se tornaba.

Formule teorías lógicas e una velocidad frenética, tratando de encontrar una respuesta a la gran pregunta. En aquella pared en la que nunca hubo nada, al menos esta noche, había un algo que perturbaba a mi mente.

Fue cuando fugazmente me encontré con que esa pared vestía con un raro espejo. Gritando ¡Un espejo! ¡Un maldito y miserable espejo! El hecho me tranquilizo, quizá un poco. Y es cierto, el resplandor tenía su origen allí, de él emanaba esa luz que atrajo mi atención, pero ¿Cuál o quien era la fuente de aquella luz? Lentamente me puse de pie, sin mirar hacia delante dejando que los agudos sentidos me guiaran, mis pies se negaban a dar aquel primer firme paso, fue cuando me obligué a caminar, cada paso que daba era un esfuerzo consiente de voluntad hasta llegar a aquel espejo, me enfrente a él, lo vi.

Vi un ser de frío rostro y duro semblante y que a la vez irradiaba una rara belleza unida a una rara juventud, donde el cruel castigo del pasar del tiempo no ha tocado, unos ojos que reflejaban su verdadera edad, unos ojos que iluminaban su rostro.

En aquel reflejo que vi no había ninguna emoción expresada, una dura faz con los ojos fijos, muertos. No se si aquella faz pertenecía al sueño y la locura. Permanecí enfrentando a aquel reflejo que se proyectaba en ese miserable y lúgubre espejo, mi mente quedo fuera de todo sentido del tiempo, pareciendo que me absorbía haciendo que me perdiera en la nada, preguntándome ahora quien es el reflejo si yo o él. La oscuridad se torno a mí alrededor creciendo en densidad, y aquel al que veía permanecía en la más inescrutable penumbra.

Solo veía esos ojos, mis ojos; profundos como las negras aguas del mar bajo el manto de la madre noche. No sé si aquella pregunta que me hice fue en voz alta o para mis adentros o si apenas alcancé a pensarla. Vi que aquellos labios se movían, intentando articular alguna palabra, pero no salió nada. Nuevas incógnitas invadieron mi mente retorciéndola en un océano de confusión.

Medito frente a ese reflejo, pregunto en que lugar quedo el lado mortal de ese ser; si desaparece cada noche cuando sale en busca de su alimento. Los pocos minutos de cordura van tomando su inquisitivo ritmo dejando a las sombras toda posible respuesta, el resto de la realidad cobra sentido, o eso intenta hacer.

Viene a mi mente el recuerdo de una incauta muerte, de un cuchillo lacerando la carne, alimentándome de una mortal, sintiendo su vida correr por mis venas, penetrando en sus recuerdos, sus secretos son míos, alimentando mi alma con sus temores y miedos, oigo una risa que no es humana brotar por mis labios, como una letanía, diciendo – soy tu reflejo, qué no lo comprendes, date cuenta –.

Ahora comprendo quien es aquel reflejo, comprendo su existencia, entiendo la gloria de su ser como la de su oscuridad. Aquel que nace en las noches para morir en el alba y resurgir de nuevo entre los muertos, anhelando el despertar acompañado de la velada luz de la luna, guiando mi vida. Sé ahora que ese reflejo que proyecta este triste espejo soy yo, observo el esplendor de mi existencia, el edén de mi creación, la gloria de mi oscuridad.